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SINALOA EN EL SIGLO XIX.
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Una breve pero importante biografia sobre Antonio Nakayama

Historiador y escritor. Nació en la ciudad de Culiacán el 13 de junio de 1911. Sus padres fueron Kami Shiru Nakayama, ingeniero metalúrgico de origen japonés y María Dámaso Arce, de ascendencia mexicana. Su abuelo materno fue don Severiano Arce, un políglota excepcional e incansable lector nativo de Sinaloa.

En Culiacán cursó los estudios elementales en la escuela de párvulos y luego en la escuela primaria Lic. Benito Juárez, donde permaneció de 1918 a 1923. Durante sus años transcurridos en la escuela elemental tuvo como maestros a Mariana Rodríguez, Trinidad Dórame y Víctor Ríos.

Ingresó a la escuela secundaria del Colegio Civil Rosales, donde se formó al lado de otros inquietos escritores sinaloenses.

Nakayama desde su época juvenil manifestó una clara vocación democrática y cristiana; asimismo, resalta su membresía al Comité Estatal Sinaloense de Lucha contra el Nacional Socialismo, durante la Segunda Guerra Mundial. Además fundó y presidió la Asociación Católica de la Juventud Mexicana , en Sinaloa.

En esa primera etapa de su vida, Nakayama trabaja como obrero en el ingenio azucarero de Los Mochis y se desempeña también como jefe de crédito de la sociedad financiera Crédito Industrial y Agrícola del Noroeste.

En plena Segunda Guerra Mundial, Nakayama inició su carrera de investigador.

Durante la segunda etapa de la vida de Nakayama (1951_1963) se destacan las relaciones de amistad que sostuvo con varios escritores y políticos sinaloenses.

Fue profesor fundador de la asignatura de Historia de Sinaloa en la escuela Normal del Estado, así como Director fundador del Museo Regional de Sinaloa y Biblioteca Pública del Estado [ubicado en el Centro Cívico Constitución de la ciudad de Culiacán], desde 1958 hasta 1963.

Es precisamente en el año de 1963, cuando se inicia la tercera etapa de la vida de Nakayama: la del errante y luego la de su exilio en Sonora (1963_1969). Fue becario del Departamento de Estado del gobierno de Los Estados Unidos de América en 1964, cuando recibió la comisión de organizar el archivo de la época colonial que posee la Biblioteca Bancroft , de la Universidad de California, en Berkeley; igualmente realizó algunas labores en el archivo histórico de la Universidad de Arizona, en Tucsón, en ese mismo año.

Director de la Biblioteca Central de Sonora de estudios superiores (1964_1969).

En 1967, organiza como parte de los festejos con motivo del XXV aniversario de la UNISON la primera Feria del Libro y el Periodismo del Noroeste, mientras batallaba con su ya habitual e implacable enemigo: la diabetes, obligándolo a abandonar diariamente su refugio en el segundo piso del museo y biblioteca, donde vivía, para ir a recibir las dosis de insulina.

En 1969, Antonio Nakayama retorna a Culiacán _por así requerirlo la salud de su esposa Rosa Jiménez_ y es cuando por disposición del Gobernador del Estado, Lic. Alfredo Valdés Montoya, se le reinstala en su puesto de Director del Museo Regional y Biblioteca [ubicado en el Centro Cívico Constitución], iniciándose así la cuarta y última etapa de la vida fructífera del historiador y escritor (1969_1978).

Es nombrado Cronista de la ciudad de Culiacán por parte del ayuntamiento, sin embargo no transcurre mucho tiempo cuando otra vez es despedido.

En esta etapa aparecen sus libros Pioneros sinaloenses en California (Culiacán, 1970); Juárez, rumbo y señal de Sinaloa (Culiacán, 1973); Culiacán, crónica de una ciudad (Culiacán, 1973), y publica además la Relación de Antonio Ruiz (La conquista en el Noroeste) (México, 1974); Sinaloa: el drama y sus actores (México, 1975), y Sinaloa, un bosquejo de su historia (Culiacán: Congreso del Estado, 1982), entre otras obras y ensayos. Además, colaboró en la Enciclopedia de México, escribiendo los artículos relativos a la ciudad de Culiacán, municipio de Culiacán, y Estado de Sinaloa.

Don Antonio Nakayama murió en la ciudad de Culiacán el 4 de abril de 1978, víctima de la diabetes, complicada con flebitis y bronquitis. Antes de morir, había expresado: Vélenme en mi casa;... mis libros, la única herencia que les dejo.

En un articulo que escribió Antonio Nakayama para la revista Letras de Sinaloa señala que el escenario de Sinaloa no completo hechos grandiosos de la lucha por la independencia como los que se dieron en Guanajuato con miguel hidalgo, o en Cuautlan con José María Morelos. En Sinaloa las masas llevaron a cabo movimientos aislados y la mayoría de los habitantes permaneció fiel a los realistas.

Cuando llego a Sinaloa la noticia del grito de Dolores proclamado por Miguel Hidalgo y Costilla, el obispo de Sonora, fray Francisco Rousset, trato de evitar que el fuego en el obispado. Con este objeto envió a los sacerdotes dos cartas circulares y un edicto, y al pueblo le dirigió una carta pastoral donde les indicaban se preservaran del contagio de la escandalosa sedición que tanto cuerpo ha tomando en esta nueva España, subvertido el orden y sosiego publico. Recomendaba que no se permitiera la entrada a hidalgo, ese monstruo de orgullo en el obispado de sonora.

El obispo Rousset hacia ver a sus feligreses cuan perniciosa y detestable es la conducta de todos aquellos adheridos a las máximas revolucionarias, las extienden pretendiendo que prevalezcan aquellas, haciéndose enemigos de dios, el rey y la patria.

NAKAYAMA agrega que pese a la propaganda que el clero, los españoles y los criollos hacían contra las ideas de la libertad, los habitantes, especialmente los de la región sur de Sinaloa, comenzaron a sentir el vientecillo de las nuevas ideas, pues la proximidad de la Nueva Galicia , hacia que en esa parte del noroeste se sintiera mas el influjo de ellas.

Esto se debía a que algunos viajeros y comerciantes, procedentes de Tepic y Guadalajara, iban a tierras sinaloenses llevando noticias de la lucha por la independencia. Así llegaron a Sinaloa los informes de una expedición insurgente comandada por el teniente coronel José María Gonzáles hermosillo, que en Guadalajara, en 1810, había recibido instrucciones de Hidalgo para impulsar la revolución en sonora y Sinaloa.

Gonzáles Hermosillo, originario de los altos de Jalisco, acompañado del teniente José Antonio López, asesorado por el dominico fray Francisco de la Parra , y con unos cuantos compañeros, partió de Guadalajara, cruzo Nayarit con éxito y entro en el territorio de Sinaloa con unos dos mil hombres que había reclutado en su camino para enfrentarse con los seiscientos soldados y las seis piezas de artillería que tenia el coronel realista pedro de villaescusa en el real del Rosario.

Después de dos días de lucha, Villaescusa se rindió a Hermosillo, quien empezó a embargar los bienes de los españoles. También remitió a hidalgo 12 marcos de oro del real del Rosario.

Una vez en libertad, Villaescusa comenzó a reclutar gente y envió urgentes llamadas de auxilio al mariscal Alejo García Conde, que gobernaba la provincia desde Arizpe.

Con sus tropas, Gonzáles Hermosillo se dirigió al norte, llego a Mazatlán y después siguió para san Sebastián (ahora concordia), resultado vencedor en ambas poblaciones. Continúo hacia san Ignacio Piaxtla, a donde llego el 7 de febrero de 1811. Al día siguiente sus tropas sufrieron una terrible derrota a manos de los soldados de Villaescusa y sus refuerzos un ejército de la parte central de sonora al mando de García Conde.

NAKAYAMA observa que la derrota de Gonzáles Hermosillo no termino con la lucha libertaria en Sinaloa. Un mes después, en los pueblos indígenas de la región de Badiraguato, comenzó a fraguarse un movimiento de rebelión encabezado por Antonio o Apolunio García, un indio opata.

De Badiraguato salieron unos trescientos alzados, atravesaron las serranías de esta región y entraron a comercios de los españoles. Después caliente, Ocoroni y la Tasajera y llegaron al pueblo de Charay donde entablaron una batalla contra la gente del capitán Juan José padilla y fueron ahí derrotados. Con esta acción de guerra termino el primer ciclo de la lucha por la Independencia en Sinaloa.